"Un amigo es aquel que lo sabe todo sobre ti y sigue siendo tu amigo".

Kurt Cobain

lunes, 25 de octubre de 2010

Carta de Amor

1.- Una carta cada día

Me gustaría poder enviarte
una carta cada día.
Contarte, decirte, quererte;
más que todo eso.
He de confesarte algo,
tengo que compartir un secreto:
Quiero dártelas en mano una a una.

2.- No te puedo echar de menos

No te echo de menos
porque no quiero que lo sepas.
No te echo de menos
porque sé que estás siempre a mi lado.
No te echo de menos
porque por encima de tu ausencia,

Te quiero.

3.- Nada es mejor que tu pelo

Cuando pienso en ti es como mirarte.
Es mejor que mirarte.
Cuando te miro es como acariciarte,
sí, llenarte con mi mirada,
Llenarme con mi visión.
Es mejor que tocarte.
Cuando te toco,
cuando acaricio tu piel morena,
Cuando enredo mis dedos en tu pelo…
Nada es mejor que eso.

4.- Tengo que escribirte un millón de versos

Tengo que escribir un millón de versos para ti.
Tengo que inventar mil vidas para vivirlas contigo.
Tengo todo, pero no basta.
Tengo tu amor, eso sí es tenerlo todo.


5.-
Se me olvidan los eneros

Se me olvidó el veintitantos de enero,
se me olvida siempre cada año.
Se me olvidan los marzos, a primeros.
Y tal olvido no me resulta extraño.
Se me escapan los cuatro de mayo, cual abril.
los veinticuatro de julio pasan de largo.
Los catorce de febrero los dejo en el letargo.
Y es que nunca me olvidé de ti.

6.- Te tengo en mi cabeza

A veces, caminando voy dando vueltas,
No por calles sino a mi cabeza.
Otras veces, avanzo firme y decidido,
no en el caminar sino en mi cabeza.
Por fin te encuentro, miro y te tengo,
No en mi cabeza.

Amor de Amantes...

Amor de amantes que prejuzgan por prohibido,

aquel que late de un instante, que vive de un suspiro.

Amor que desafía a la vida por no tener su destino,

amor que en el silencio te extraña, al no tenerte al lado mío.

Amor que fluye en la sangre, que vibra con solo verte,

sabe que tus ojos no me engañan son tus labios los que mienten.

Amor que dilata al presente y consume el futuro inerte,

solo vive porque te ama y muere porque te siente.

Si la vida me regala solo segundos de tus besos,

solo un corto tiempo del destino,

bastara una mirada cómplice del alma,

para unir nuestros cuerpos, en este huracán prohibido.

Cuerpos que sin culpa se sienten libres, sin culpa te siento mío...

sentimiento que nace cuando estas a mi lado,

que vive al fundirte conmigo.

Perdóname por hoy, mi dulce amante,

debo vagar en este mundo a mar abierto,

lejos de tu vida, lejos de tus besos,

solo por amarte y no morir en el deseo.

Prométeme mi fiel amante, que me llevarás en secreto,

me sentirás en tu piel, en tu sangre,

me mantendrás viva en tu cuerpo.

Solo en la distancia intentaré olvidarte,

por no tenerte por completo,

por no aceptar compartirte,

por desearte a cada momento.

Pero no creas esta mentira,

que solo finge un simple y corto tiempo,

porque tu sabes que te llevo en corazón y alma,

sellado a mi vida, fundido a mi cuerpo.

Las Horas Liberadas

Somos amantes y amigos

nos quedamos en silencio juntos...

Lees cosas que a mí me gustaría leer

Y no te esfuerzas por entender mis chistes malos

Si desaparecieras... me convertiría en el hombre...

...que siempre mira para otro lado

(Para que Conozcan lo profundo de tu Mirada... así tenga esta foto más de 10 años)

Silencio en la Noche

A veces vienes sin que te llamen y te quedas aquí, como en tu casa, recostada en mi hombro por largo rato. Nunca sé por dónde entras, pero se siente tu llegada desde lejos. Se siente la sombra de tus pasos, el desgano súbito, la melodía triste que acompaña siempre tu presencia. Antes venías con tus maletas y me desordenabas la vida a largo plazo, como si te complaciera. Ahora eres más cauta, quizás porque te sientes menos bienvenida y porque comprobaste que ya, cuánto lo siento, no me apasiona verte. Pero sabes también que no te puedo echar. Me das pena. Siempre me la diste, como si te sobrara. Sabes que no te quiero conmigo pero siempre regresas y tu llegada instala una familiaridad inevitable y extraña, que termina alborotando mis nostalgias más discretas. Y no te puedo echar.

No te culpo. Han sido tantos años. Nos hemos acompañado mucho y no siempre sentí cuan malo podía resultarme caminar de tu brazo a todos lados, como si fueras una parte de mi mismo. No ha sido malo para ti, evidentemente, no tienes la culpa de ser quien eres, está en tu naturaleza convocar el dolor y a pesar de todo, lo sabes bien, te he necesitado demasiado. Ahora estás aquí de nuevo, no sé por dónde entraste y se ha inundado esta habitación de sensaciones lacerantes, como si se hubiese violentado alguna puerta sellada, de esas que todos desaconsejan abrir.

Se siente tu melodía a la distancia. Se mete ahora por mis venas y se desborda por mi respiración. Conozco ese piano. Es Erik Satie. Es su Gnossienne número tres. Siempre te anuncia, siempre se escucha cuando llegas. Quizás necesitaba verte y lo supiste antes que yo. Siempre lo sabes. A veces se me desacomoda un poco el hígado, los pulmones o el corazón, a fuerza de agitar mis confianzas más allá de sus límites, y me mancha la piel, los ojos, el horizonte, con el color de la sangre. Será que esa es la señal que tú percibes desde lejos y que ilumina mi cielo con un murciélago oscuro, un cielo como el de hoy, sin luna.

Hace frío ahora. Perdóname si no te pido que te quedes. No esta noche, no conmigo, no otra vez. No tengo nada contra ti, te lo aseguro, y aunque sé que volveremos a vernos, no vengas a quedarte. Todo está bien, todo está en orden. Sólo cierra la puerta al salir y, por favor, llévate de regreso los infaustos duendes que vinieron contigo.
Por: Luis Guerrero Ortiz
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Se mi Amante


SE MI AMANTE

Justamente
en la ruta de mi sangre
como sol está bordado
que serás mi fiel amante.

Cual suspiro en melodía,
se lo canto
a la noche de tus ojos.

Se me quema entre las manos
cuando estoy en tu regazo,
me lo dice
el viento de tu voz a cada paso,
es secreto de tu beso
que me come sin recato.

En mi piel lo tengo escrito,
te lo grito,
te lo pido,
se mi amante
por un día,
por un rato,
por el tiempo que nos falta vida mía,
por el lapso de mi sombra en tu estadía.

Lo digo con los ojos si te miro,
es clamor en osadía.

Se mi amante,
con tu cuerpo,
con el sol de tu mirada,
con el verbo de tu alma,
se en mi vida, tierna amada,
compañera inseparable
de mi amor.

Cinco Permisos para Ser Persona

1. Me concedo a mí mismo el permiso de estar y de ser quien soy,
en lugar de creer que debo esperar que otro determine
dónde yo debería estar o cómo debería ser.

2. Me concedo a mí mismo el permiso de sentir lo que siento,
en vez de sentir lo que otros sentirían en mi lugar.

3. Me concedo a mí mismo el permiso de pensar lo que pienso
y también el derecho de decirlo, si quiero,
o de callármelo, si es que así me conviene.

4. Me concedo a mí mismo el permiso de correr los riesgos
que yo decida correr, con la única condición de aceptar pagar yo mismo los precios de esos riesgos.

5. Me concedo a mí mismo el permiso de buscar
lo que yo creo que necesito del mundo,
en lugar de esperar que alguien más
me dé permiso para obtenerlo.

(Virginia Satir)

lunes, 20 de septiembre de 2010

Recordar...

Acerca de Navegar con tus Propios Remos


No es que no lo sepas o no lo puedas saber. Quizás no te diste el tiempo de pensarlo, no te lo permitiste o abandonaste el esfuerzo a la mitad del camino, por fatiga o por desesperación. Hay cosas que sabes, más de las que supones y que no les das valor o no utilizas o no sabes cómo servirte de ellas para inventar la solución que buscas. Hay también cosas que no sabes, pero que puedes conocer porque sabes quiénes las saben o quienes pueden conocer al que las sabe. Y de seguro sabes cómo encontrar a esas personas y cómo hacerles la pregunta que necesitas. Sólo hace falta atreverse, confiar y perseverar.

Nada de esto te librará del error, eso es seguro. Pero sí de la vergüenza que nace de la dependencia y la subordinación al de mayor jerarquía, así sepas que sabe menos que tú; de la angustia que nace de la inseguridad y de la parálisis; o simplemente de la desesperanza ante los problemas que parecen no tener una puerta de salida o una ventana de escape.

Milton Erickson estaba convencido –quizás como Sócrates- de que las respuestas a nuestras interrogantes más opresivas estaban dentro de nosotros. No porque tuviéramos un banco genético de respuestas hechas, sino más bien las experiencias, las ideas y las habilidades suficientes para empezar a construirlas por nosotros mismos. Mantener la serenidad ante las dificultades, concentrarnos en nuestro propio saber y abandonarnos a la confianza en nuestra posibilidad de resolverlas, eran ingredientes básicos de su fórmula para la autohipnosis.

Ciertamente, si no lo crees posible ni te provoca intentarlo, tienes tres opciones: abandónate a la rabia, déjate llevar por la indolencia o entrégate en los brazos de la depresión. Convéncete de que nada sabes, de que tus problemas no tienen solución, de que nadie vendrá en tu ayuda ni tendrá una respuesta para ti. Luego, brama contra el mundo y véngate de todos haciéndolos sentir lo peor que puedas o, de lo contrario, regresa a tu esquina a lamentar tu impotencia, aún cuando sientas que la culpa está y siempre estará allá afuera.

Pero también puedes huir de la angustia abandonando tus propósitos, sin preocuparte por las consecuencias; o correr a pedir instrucciones y limitarte a hacer lo que te digan, sin detenerte a pensar en su razón o en su sentido. Hay tramos del camino en que uno quisiera sólo ser pasajero. Conducir todo el tiempo y en estado de alerta puede ser muy agotador. Pero recuerda que hay quienes sólo saben ser pasajeros y se pasan la vida subiendo y bajando de cualquier tren que los lleve a cualquier parte que, por lo menos, se parezca al lugar donde quisieran ir, para después quejarse por no llegar a su verdadero destino, así no sepan bien cuál es.

Erickson no estaba entre quienes creen que el cambio de comportamiento es consecuencia de un cambio previo en el modo de pensar. El había comprobado que era mejor moverse y arriesgarse a actuar de otra manera, para luego detenerse a experimentar cómo se ven las cosas desde ese nuevo lugar.

El también pensaba que somos personas distintas cada día de nuestras vidas y que la personalidad es una construcción inacabable. Por eso es que estas reflexiones me las dirijo a mí mismo o, mejor dicho, al que podría llegar a ser dentro de un tiempo, quizás en quince días, el otro mes o en unos años más. Lo hago sólo por si acaso, más adelante, en alguna circunstancia fortuita, termine olvidando o restando valor a aquello en lo que creo hoy, justo en la fecha en que termino de escribir esta pequeña nota. Porque no siempre lo vi así y ahora que los años me han permitido comprobar las ventajas de navegar con tus propios remos, aún contra la corriente, no quisiera que en el futuro, nada ni nadie me termine arrastrando río abajo.

Por: Luis Guerrero Ortiz
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domingo, 22 de agosto de 2010

Buen Punto...


Lobito.... uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu.....

martes, 29 de junio de 2010

Acerca de Marcharse y No

Cierra los párpados lentamente y vete de una vez. Limpia tus lentes de emoción, vacíate la sangre, despójate del alma, manda al exilio tus recuerdos, cierra los ojos sin vergüenza y deja que el viento se lleve tus nostalgias. Sólo vete.

Allí quedará tu cuerpo inerte, tu rostro sin gestos, tu mirada vacía, tus manos frías. Déjale tu cabeza, tu razón, tu lógica, tu memoria del deber, tu responsabilidad, tus rutinas más irreprochables, tu por favor, tus buenos días.

Pero llévate el sol de tu ventana, la brisa ocasional, tu colección de abrazos, las sonrisas más ciertas, el souvenir inesperado, tu mejor melodía, el aroma a café de las mañanas. Ponlas a salvo mientras puedas, ponles candado mientras la confianza alcance. Te harán falta en lo que queda del camino.

Y deja atrás la sinrazón, el disimulo, las falsas gentilezas, la amistad calculada, el silencio súbito, el exasperante cerca y lejos de cada día, el si pero no, el amor postizo. Que no se te cuele ni uno solo en la maleta.

Sólo cierra los ojos y múdate en esencia. Déjale apenas una cáscara vacía, que haga las veces de ti hasta donde haga falta, que responda preguntas, que sepa saludar, que hable al teléfono, y que hasta pueda imitar la sonrisa de la mona lisa.

Pero no te quedes tú
Sólo prueba decir basta
Por: Luis Guerrero Ortiz
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sábado, 19 de junio de 2010

El Zorro Estresado y Las Verdes Uvas

El zorro tenía hambre y las uvas que aparecieron en su camino emergieron providencialmente como el medio ideal para saciar su necesidad. Pero su fuerza y su agilidad no le bastaron para alcanzar el jugoso racimo que colgaba de la rama más baja de la vid. En esas circunstancias, se vio obligado a desistir y a marcharse, murmurando con desdén que a fin de cuentas el ansiado fruto todavía estaba verde. Esta fábula es bastante conocida y, con seguridad, casi todos la leímos de niños. La consabida moraleja, como es fácil recordar, nos prevenía contra el orgullo, el que nos incita a simular no necesitar lo que no podemos obtener, en vez de admitir nuestras limitaciones.

Tantos años han pasado desde la primera vez que la leí y recién ahora comprendo que el pobre zorro no estaba tan desencaminado como nos hicieron creer. A su manera, sólo buscaba defenderse de la agitación, la aflicción y el desánimo, emociones dolorosas que suelen derivarse de la frustración de un deseo.

Si el zorro accediera a recibir un tratamiento terapéutico para controlar esa sensación de agobio provocada por metas muy anheladas que no se logran alcanzar a pesar de los intentos, algo que suele llamarse estrés, quizás le aconsejarían regular mejor sus expectativas. En realidad, si quisiera evitarse en adelante sufrimientos inútiles, debería aceptar que no todo lo que se desea puede ocurrir inevitablemente, por más necesario y justo que lo sienta.

Ahora bien, en honor a la verdad, el zorro es un animal que nunca deja de poner esfuerzo en obtener lo que necesita, ni de creer que puede alcanzarlo. Digamos, no deja en manos de terceros o de la suerte lo que puede lograr por sí mismo. Siendo esto muy conveniente, habría que explicarle al zorro de todos modos que las expectativas por obtener algo nacen de las capacidades que creemos tener para hacer bien todo lo que se necesita hacer para lograrlo. Y que los problemas surgen cuando evaluamos mal nuestras posibilidades o nuestros desafíos y creemos tener más capacidad de la que realmente poseemos o que el camino que nos conduce a la meta es menos complejo de lo que parece.

Seis maneras de estresarse al estilo del zorro

Es entonces cuando nuestras expectativas se inflaman y a tal extremo, que terminan sobrepasando largamente nuestra capacidad de realizarlas. Cuando el zorro incurre en este error, se producen una de seis situaciones posibles o una combinación fatal de varias de ellas. Veamos una por una:

TIEMPO. El zorro espera alcanzar sus metas en plazos más breves de los que está en posibilidad de lograr. Entonces, como lleva prisa, quiere alcanzar las uvas de un solo salto, pero no lo consigue y debe dar otro y otro más, y a la frustración de no obtener lo que busca le agrega la angustia por el tiempo perdido, algo que lo irrita todavía más y después lo deprime.

AUTOSUFICIENCIA. El zorro espera alcanzar sus metas como resultado de su esfuerzo solitario, prescindiendo de todo apoyo y del rol que pueden o necesitan cumplir los demás. Luego, el zorro no cree requerir, por ejemplo, la colaboración del cuervo, que está parado justo sobre la rama de la que pende el racimo, y en vez de persuadirlo prefiere echarse sobre sus hombros toda la responsabilidad, preparándose sin saberlo para sufrir en desolación no sólo la experiencia del fracaso sino también de la culpa.

DELEGACION. El zorro delega en terceros la posibilidad de obtener lo que espera, sin verificar la capacidad, la disposición o la facilidad del delegado para hacer lo que le pide o para hacerlo bien y a tiempo. Por ejemplo, le pide al cuervo parado sobre la rama que, por favor, corte de un picotazo el tallo del racimo que desea obtener y lo vigile cuando caiga al suelo, mientras el va por un poco de agua al arroyo próximo. Si al regresar ve que el cuervo no hizo lo que le pidió o lo hizo a medias, pues cortó pero no vigiló el susodicho racimo y fue devorado por otros animales o por el propio cuervo, el zorro se frustrará y luego atribuirá encolerizado toda la responsabilidad de tal desenlace al pájaro rapaz.

PERFECCIONISMO. El zorro espera alcanzar sus metas de un modo más completo y perfecto del que puede garantizar en las condiciones realmente disponibles. Eso le pasa, por ejemplo, cuando se propone alcanzar no uno sino todos los racimos que penden de esa rama, pues no le cabe en la cabeza que alguien como él deba conformarse con hacer las cosas a medias. Ciertamente, al aumentar sus expectativas, multiplica las exigencias y por lo tanto sus esfuerzos, tanto como el tiempo necesario para lograr su objetivo. Si no lo logra, la decepción que sufrirá será mucho mayor. Y si lo logra, las cosas que debió sacrificar para hacerlo de este modo pueden pasarle la factura.

SATURACION. El zorro espera alcanzar sus metas manteniendo todo el tiempo sus manos en la tarea, sin soltarla un solo instante. Es así que decide acampar al pie de la vid ensayando sus mejores saltos mañana, tarde y noche, postergando el sueño y el descanso, poniendo entre paréntesis todas sus demás necesidades, a fin de conseguir este propósito. De esta manera se alista a agregarle a la frustración, el agotamiento producto de un esfuerzo ininterrumpido y las consecuencias, objetivas y emocionales, derivadas del aplazamiento continuo de otras obligaciones no menos importantes.

DESMESURA. El zorro espera alcanzar, al mismo tiempo, más metas de las que está en posibilidad de cumplir. Peor aún, multiplica una o varias de las expectativas anteriores por cada nueva meta que se agrega. Digamos, por ejemplo, que no sólo espera obtener las uvas menos inaccesibles del árbol, sino que además espera llevar racimos extras para sus pequeñas crías, espera también terminar el día sin más agitaciones de las que ya tuvo, llegar temprano a su madriguera y hasta procurarse alguna perdiz en el camino para balancear su dieta. Si obtener lo primero ya le resulta difícil y le requiere una dedicación bastante mayor de la que supuso, la posibilidad de obtener todo lo demás se pone en riesgo, sobre todo si esperaba lograrlo en un solo día. Y mientras más altas y múltiples son las expectativas creadas, mayor es la decepción y el dolor de no lograrlas.

Consejos terapéuticos

Al zorro habría que explicarle entonces que el estrés del que busca protegerse nace de sus expectativas. Y, a su vez, que sus expectativas pueden explicarse a partir de la evaluación que hizo de sus posibilidades, objetivas y subjetivas, de lograr esa meta; de la certeza que le brotó respecto de la eficacia de sus propios esfuerzos; y de su optimista predicción acerca de la probabilidad de lograrla.

A su favor, habría que decirle también que a él le ocurrió lo que a cualquiera de nosotros podría pasarnos en cualquier circunstancia parecida: hacer una mala evaluación de las propias posibilidades, sea por desinformación o a causa de una emoción. Si fuese por lo segundo, es porque cualquier emoción de la que no tengamos plena conciencia podría inducirnos a esperar más de lo posible, desde el miedo, la vergüenza o la culpa, hasta el orgullo, la rabia, la euforia o simplemente el amor. Si nuestras expectativas crecen hasta traspasar los límites del realismo, nuestros esfuerzos por darles cumplimiento se vuelven una fuente inagotable de estrés.

Ciertamente, este desbalance entre lo que esperamos obtener y lo que podemos lograr, puede permanecer invisible ante nuestros ojos hasta que nos estrellemos con los muros que no fuimos capaces de advertir. Aunque, en verdad, también podría seguir siendo esquivo a nuestra mirada si, a pesar de la frustración, optamos por sacudirnos de toda responsabilidad. Es decir, si elegimos explicar el fracaso por los errores de otros o simplemente disimularlo, desvirtuando el valor de las metas que perseguíamos, diciéndonos, por ejemplo: están todavía demasiado verdes.

Como todos sabemos, el zorro eligió hacer esto último. Habría que desaconsejarle volver a emplear en adelante un artilugio como ese, pues no lo previene contra la posibilidad de nuevas frustraciones. Pero habría que justificarlo en su necesidad de huir del abatimiento, la vergüenza o la furia asociados a su fracaso. Son emociones legítimas pero a las que no conviene abandonarse, porque nublan la mente y no ayudan a tomar buenas decisiones. Más le valdría respirar profundo, recuperar la calma, volver a evaluar la situación y replantear sus expectativas. Tiene derecho a querer las uvas, pero debe abrir los ojos a los muy diversos caminos que podrían conducirlo a ellas. Y si acaso ninguno estuviera realmente a su alcance, deberá aprender a aceptar que no sólo de uvas vive el zorro y que la felicidad también viene en recipientes que no incluyen en su composición ningún derivado de la vid. Claro, hay una pequeña diferencia de sabor, pero se puede vivir sin eso.
Por: Luis Guerrero Ortiz
Alter Ego - Enlace

domingo, 30 de mayo de 2010

Búscate un Amante


Muchas personas tienen un amante y muchas otras quisieran tenerlo.

Y también están las que no lo tienen, porque no quieren y las que lo tenían y lo perdieron, o decidieron perderlo.
Misteriosamente son generalmente estos dos últimos grupos los que más van a los consultorios para decir que están tristes o que tienen distintos síntomas: insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.

Cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en que ocupar su tiempo libre.

En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas. Antes de contar esto ya han visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro: Depresión y la infaltable receta del antidepresivo de turno.
Yo después de escucharlas atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan... ES UN AMANTE.

Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto.

Están los que piensan: ¡Como es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica! Hacen un decoroso silencio, miran el reloj esperando el final de la consulta y se retiran para siempre.

También están los que escandalizados se despiden en ese mismo momento y muchas veces tampoco vuelven nunca más.

A los que deciden quedarse les doy la siguiente definición:

Un Amante es: Cualquier cosa que nos apasione.
Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y también aquello que a veces, no nos deja dormir.

Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido.

Un amante puede ser nuestra pareja, si nos animamos a encontrarlo allí. En otros casos es otro alguien que no es nuestra pareja.

También podemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un distractor que nos monopoliza cada instante “suelto”.

En fin, es “alguien” o “algo” que nos perturba la conciencia al punto de dibujarnos una sonrisa al solo pensarlo apartándonos aunque sea un momento del triste destino de sobrevivir.

Sobrevivir es durar y en el fondo está gobernado por el miedo a vivir de verdad. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol, de la lluvia y de las emociones fuertes.

Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana
Por favor no te empeñes en sobrevivir, búscate un amante.

Sé tú mismo el amante de alguien o de algo. Se un protagonista… de tu vida.

La muerte llegará, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie. Mientras tanto y sin dudar, búscate un amante.
Lo trágico no es morir, Lo trágico, es no animarse a vivir.
La psicología después de estudiar mucho descubrió algo trascendental. Para vivir feliz, activo, o satisfecho hay que tener un motivo.

A ese motivo lo llamo hoy Un Amante...

Hay que ponerse de novio con la vida y hay que amarla con la pasión de los que auténticamente están enamorados.

Búscate pues HOY.... Un Amante.

Autor: Anónimo

miércoles, 14 de abril de 2010

José Agustín Goytisolo


AUTOBIOGRAFÍA


.....................“Fui un mísero afligido desde mi mocedad,
.....................“siempre lleno de espanto, lleno de tristeza…”
.............................................................(Salm., 88, 16)

Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste,
y mi padre decía,

mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío,
no sirves para nada.

Después me fui al colegio
con pan y con adioses,
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro

graznó: pequeño niño,
no sirves para nada.

Vino, luego, la guerra,
la muerte –yo la vi-
y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron,
yo, triste, seguí oyendo:
no sirves para nada.


Y cuando me pusieron
los pantalones largos,
la tristeza en seguida
cambió de pantalones.

Mis amigos dijeron:
no sirves para nada.

En la calle, en las aulas,

odiando y aprendiendo
la injusticia y sus leyes,
me perseguía siempre
la triste cantinela:
no sirves para nada.

De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día,
la muchacha que amo
me dijo, y era alegre:

no sirves para nada.

Ahora con ella,
voy limpio y bien peinado.
Tenemos una niña
a la que, a veces, digo,
también con alegría:
no sirves para nada.

EL CUENTO

Érase, una vez,
un lobito bueno,
al que maltrataban
todos los corderos,

y había, también,
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un ladrón honrado.

Todas estas cosas
había, una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.

lunes, 5 de abril de 2010

Estafa


Pasos complicados del día
Hoy en nadie se confía
Dices que hay garantía
Mira sonríes, con ironía…


Mi opinión nada cuenta
Pareciera que estas en venta
Eligiendo sólo y donde ganar
Pensando más adelante gozar…


Mediste bien la jugada
La verdad es cambiada
Quieres llegar a un acuerdo
Por algo que no recuerdo…



Ahora me vendes como un cerdo
No respetaste la amistad
Estas muy llena de bondad
Yo soy el único que pierdo…

jueves, 18 de marzo de 2010

En Busca del Alma

Los niños son el símbolo del eterno matrimonio entre el amor y el deseo, decía Oscar Wilde. De eso no me cabe duda.

Uno de los objetos de mis deseos más intensos durante mi niñez fue la vieja máquina de escribir de mi padre. La primera vez que llamó mi atención yo era aún demasiado pequeño para intentar hacerlo algo útil con ella. Pero la curiosidad al final se abrió paso y empecé a hacerla funcionar del único modo que conocía, es decir, como un instrumento capaz de producir una hoja llena de palabras salidas de la propia cabeza. Porque jamás vi a mi papá copiar nada ni a nadie. Sólo se sentaba a pensar en silencio y a oprimir las teclas con cuidadoso esmero hasta llenar el papel con poemas o cartas dictadas por el corazón. Mientras más lo pienso, más me convenzo de que fue allí y no en la escuela cuando escribir se volvió para mí una actividad asociada al amor.

Uno de mis hijos, en cambio, detestó el lapicero desde sus primeras y muy poco gratas experiencias escolares. Fue recién en su adolescencia que pudo descubrir el teclado de una computadora como una puerta de escape que podía liberarlo por completo de él y de cualquier horrorosa obligación caligráfica derivada de su uso. Entonces empezó a escribir poemas y cuentos asombrosos y a vincular la producción de un texto sencillo con el sabor del elogio y con la genuina admiración de sus ocasionales lectores.

Ahora todos crecieron y han ido dejando atrás una manera de estar en el mundo, plagada de gritos desaforados, llantos repentinos, risas irreverentes y obstinaciones indoblegables, pero conservan intacta su divertida y tierna curiosidad por cualquier objeto, suceso, frase o personaje ligeramente fuera de lo común. Una cualidad que haría las delicias de Gianni Rodari, el notable escritor y maestro italiano que hizo del absurdo toda una pedagogía de la creatividad y que explica de un modo u otro la devota consagración al arte –la literatura, la escultura, el teatro, la música- de todos ellos.

Hoy los veo afrontando sus propios sueños e incertidumbres, tomando decisiones y haciéndose cargo de sí mismos, pero qué difícil dejar de asociar su juventud madura con el recuerdo de esa cadena interminable de episodios reveladores de un tiempo de espontaneidades, asombros e ingenuidades sin fin, tan útiles para ayudar completar en cada circunstancia el dibujo exacto de la imagen que ahora expresan. Hay situaciones que su memoria no registra ya, por lo que este fascinante ejercicio sigue siendo mi privilegio.

Cuando un niño destroza su juguete es porque está buscándole el alma, decía Víctor Hugo. Reconozco que escarbar la propia infancia y la de nuestros hijos en búsqueda de tesoros representa una aventura a veces difícil pues, como decía Benedetti, la niñez no es siempre ni sólo un paraíso. Pero creo sinceramente que es también una manera útil y a veces muy necesaria de buscar y completar las piezas de la propia alma.
Justificar a ambos ladosPor: Luis Guerrero Ortiz
Alter Ego

Adivinanza

Ahora llena tus manos y tus brazos, después se desvanece. Y no sabes cuándo ni hasta cuándo. Te embelesa y se desliza sigilosa por tus venas, se viste de sonrisa, se lacia el pelo, se transforma en email y hasta toma un nombre. Podría quizás volverse chocolate o comida orgánica, mejor aún un vaso de milkshake o un inesperado folletín de espectáculos que no te atreverás a usar.

Otro día se vuelve hemoglobina, te devuelve el color, las ganas de subirte al tren o de compartir una causa limeña con muchas decisiones alrededor. Se mete en el skype, se convierte en esquina, se delinea como símbolo de una mirada atenta o te llega como mensaje de texto. También es voz y por supuesto cortesías tiernas, risas inolvidables, manos, abrazos, una canción de Cabas, Gary Jules o Damien Rice. Después se va.

Aparece embalsamada por televisión encapsulando la voz con que aprendiste a escribir tu nombre o la mano de la que salieron los poemas con que fabricaste tu ternura o tu esperanza. Te sienta en pasadizos oscuros aguardando una muestra de sangre que podría traerte el ticket de un largo viaje. Te mete entre tus sábanas dejándote a solas con la melancolía. Se vuelve un frasco de pastillas o se convierte en lástima. Después se va.

Su ausencia puede ocurrir de a pocos y envolverte en la nostalgia hasta hacerte sangrar, tomar el rostro de lo imposible, confinarte detrás de los espejos, apagar tu confianza, endurecer tus dedos o encerrar en tu boca la palabra amor. Luego se va, sólo se va. Se va de tu costado o de tu lóbulo frontal, dejando tus recuerdos suspendidos en el aire. Luego se lleva el aire. Luego te transforma en recuerdo. Es un destino.

Pero aún estás aquí. Puedo adivinarlo.
Sólo que a ratos cabeceas.
Por: Luis Guerrero Ortiz
Alter Ego
Wizard Animation

Vista Áerea de Jaén - Perú


 
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