"Un amigo es aquel que lo sabe todo sobre ti y sigue siendo tu amigo".

Kurt Cobain

martes, 29 de junio de 2010

Acerca de Marcharse y No

Cierra los párpados lentamente y vete de una vez. Limpia tus lentes de emoción, vacíate la sangre, despójate del alma, manda al exilio tus recuerdos, cierra los ojos sin vergüenza y deja que el viento se lleve tus nostalgias. Sólo vete.

Allí quedará tu cuerpo inerte, tu rostro sin gestos, tu mirada vacía, tus manos frías. Déjale tu cabeza, tu razón, tu lógica, tu memoria del deber, tu responsabilidad, tus rutinas más irreprochables, tu por favor, tus buenos días.

Pero llévate el sol de tu ventana, la brisa ocasional, tu colección de abrazos, las sonrisas más ciertas, el souvenir inesperado, tu mejor melodía, el aroma a café de las mañanas. Ponlas a salvo mientras puedas, ponles candado mientras la confianza alcance. Te harán falta en lo que queda del camino.

Y deja atrás la sinrazón, el disimulo, las falsas gentilezas, la amistad calculada, el silencio súbito, el exasperante cerca y lejos de cada día, el si pero no, el amor postizo. Que no se te cuele ni uno solo en la maleta.

Sólo cierra los ojos y múdate en esencia. Déjale apenas una cáscara vacía, que haga las veces de ti hasta donde haga falta, que responda preguntas, que sepa saludar, que hable al teléfono, y que hasta pueda imitar la sonrisa de la mona lisa.

Pero no te quedes tú
Sólo prueba decir basta
Por: Luis Guerrero Ortiz
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sábado, 19 de junio de 2010

El Zorro Estresado y Las Verdes Uvas

El zorro tenía hambre y las uvas que aparecieron en su camino emergieron providencialmente como el medio ideal para saciar su necesidad. Pero su fuerza y su agilidad no le bastaron para alcanzar el jugoso racimo que colgaba de la rama más baja de la vid. En esas circunstancias, se vio obligado a desistir y a marcharse, murmurando con desdén que a fin de cuentas el ansiado fruto todavía estaba verde. Esta fábula es bastante conocida y, con seguridad, casi todos la leímos de niños. La consabida moraleja, como es fácil recordar, nos prevenía contra el orgullo, el que nos incita a simular no necesitar lo que no podemos obtener, en vez de admitir nuestras limitaciones.

Tantos años han pasado desde la primera vez que la leí y recién ahora comprendo que el pobre zorro no estaba tan desencaminado como nos hicieron creer. A su manera, sólo buscaba defenderse de la agitación, la aflicción y el desánimo, emociones dolorosas que suelen derivarse de la frustración de un deseo.

Si el zorro accediera a recibir un tratamiento terapéutico para controlar esa sensación de agobio provocada por metas muy anheladas que no se logran alcanzar a pesar de los intentos, algo que suele llamarse estrés, quizás le aconsejarían regular mejor sus expectativas. En realidad, si quisiera evitarse en adelante sufrimientos inútiles, debería aceptar que no todo lo que se desea puede ocurrir inevitablemente, por más necesario y justo que lo sienta.

Ahora bien, en honor a la verdad, el zorro es un animal que nunca deja de poner esfuerzo en obtener lo que necesita, ni de creer que puede alcanzarlo. Digamos, no deja en manos de terceros o de la suerte lo que puede lograr por sí mismo. Siendo esto muy conveniente, habría que explicarle al zorro de todos modos que las expectativas por obtener algo nacen de las capacidades que creemos tener para hacer bien todo lo que se necesita hacer para lograrlo. Y que los problemas surgen cuando evaluamos mal nuestras posibilidades o nuestros desafíos y creemos tener más capacidad de la que realmente poseemos o que el camino que nos conduce a la meta es menos complejo de lo que parece.

Seis maneras de estresarse al estilo del zorro

Es entonces cuando nuestras expectativas se inflaman y a tal extremo, que terminan sobrepasando largamente nuestra capacidad de realizarlas. Cuando el zorro incurre en este error, se producen una de seis situaciones posibles o una combinación fatal de varias de ellas. Veamos una por una:

TIEMPO. El zorro espera alcanzar sus metas en plazos más breves de los que está en posibilidad de lograr. Entonces, como lleva prisa, quiere alcanzar las uvas de un solo salto, pero no lo consigue y debe dar otro y otro más, y a la frustración de no obtener lo que busca le agrega la angustia por el tiempo perdido, algo que lo irrita todavía más y después lo deprime.

AUTOSUFICIENCIA. El zorro espera alcanzar sus metas como resultado de su esfuerzo solitario, prescindiendo de todo apoyo y del rol que pueden o necesitan cumplir los demás. Luego, el zorro no cree requerir, por ejemplo, la colaboración del cuervo, que está parado justo sobre la rama de la que pende el racimo, y en vez de persuadirlo prefiere echarse sobre sus hombros toda la responsabilidad, preparándose sin saberlo para sufrir en desolación no sólo la experiencia del fracaso sino también de la culpa.

DELEGACION. El zorro delega en terceros la posibilidad de obtener lo que espera, sin verificar la capacidad, la disposición o la facilidad del delegado para hacer lo que le pide o para hacerlo bien y a tiempo. Por ejemplo, le pide al cuervo parado sobre la rama que, por favor, corte de un picotazo el tallo del racimo que desea obtener y lo vigile cuando caiga al suelo, mientras el va por un poco de agua al arroyo próximo. Si al regresar ve que el cuervo no hizo lo que le pidió o lo hizo a medias, pues cortó pero no vigiló el susodicho racimo y fue devorado por otros animales o por el propio cuervo, el zorro se frustrará y luego atribuirá encolerizado toda la responsabilidad de tal desenlace al pájaro rapaz.

PERFECCIONISMO. El zorro espera alcanzar sus metas de un modo más completo y perfecto del que puede garantizar en las condiciones realmente disponibles. Eso le pasa, por ejemplo, cuando se propone alcanzar no uno sino todos los racimos que penden de esa rama, pues no le cabe en la cabeza que alguien como él deba conformarse con hacer las cosas a medias. Ciertamente, al aumentar sus expectativas, multiplica las exigencias y por lo tanto sus esfuerzos, tanto como el tiempo necesario para lograr su objetivo. Si no lo logra, la decepción que sufrirá será mucho mayor. Y si lo logra, las cosas que debió sacrificar para hacerlo de este modo pueden pasarle la factura.

SATURACION. El zorro espera alcanzar sus metas manteniendo todo el tiempo sus manos en la tarea, sin soltarla un solo instante. Es así que decide acampar al pie de la vid ensayando sus mejores saltos mañana, tarde y noche, postergando el sueño y el descanso, poniendo entre paréntesis todas sus demás necesidades, a fin de conseguir este propósito. De esta manera se alista a agregarle a la frustración, el agotamiento producto de un esfuerzo ininterrumpido y las consecuencias, objetivas y emocionales, derivadas del aplazamiento continuo de otras obligaciones no menos importantes.

DESMESURA. El zorro espera alcanzar, al mismo tiempo, más metas de las que está en posibilidad de cumplir. Peor aún, multiplica una o varias de las expectativas anteriores por cada nueva meta que se agrega. Digamos, por ejemplo, que no sólo espera obtener las uvas menos inaccesibles del árbol, sino que además espera llevar racimos extras para sus pequeñas crías, espera también terminar el día sin más agitaciones de las que ya tuvo, llegar temprano a su madriguera y hasta procurarse alguna perdiz en el camino para balancear su dieta. Si obtener lo primero ya le resulta difícil y le requiere una dedicación bastante mayor de la que supuso, la posibilidad de obtener todo lo demás se pone en riesgo, sobre todo si esperaba lograrlo en un solo día. Y mientras más altas y múltiples son las expectativas creadas, mayor es la decepción y el dolor de no lograrlas.

Consejos terapéuticos

Al zorro habría que explicarle entonces que el estrés del que busca protegerse nace de sus expectativas. Y, a su vez, que sus expectativas pueden explicarse a partir de la evaluación que hizo de sus posibilidades, objetivas y subjetivas, de lograr esa meta; de la certeza que le brotó respecto de la eficacia de sus propios esfuerzos; y de su optimista predicción acerca de la probabilidad de lograrla.

A su favor, habría que decirle también que a él le ocurrió lo que a cualquiera de nosotros podría pasarnos en cualquier circunstancia parecida: hacer una mala evaluación de las propias posibilidades, sea por desinformación o a causa de una emoción. Si fuese por lo segundo, es porque cualquier emoción de la que no tengamos plena conciencia podría inducirnos a esperar más de lo posible, desde el miedo, la vergüenza o la culpa, hasta el orgullo, la rabia, la euforia o simplemente el amor. Si nuestras expectativas crecen hasta traspasar los límites del realismo, nuestros esfuerzos por darles cumplimiento se vuelven una fuente inagotable de estrés.

Ciertamente, este desbalance entre lo que esperamos obtener y lo que podemos lograr, puede permanecer invisible ante nuestros ojos hasta que nos estrellemos con los muros que no fuimos capaces de advertir. Aunque, en verdad, también podría seguir siendo esquivo a nuestra mirada si, a pesar de la frustración, optamos por sacudirnos de toda responsabilidad. Es decir, si elegimos explicar el fracaso por los errores de otros o simplemente disimularlo, desvirtuando el valor de las metas que perseguíamos, diciéndonos, por ejemplo: están todavía demasiado verdes.

Como todos sabemos, el zorro eligió hacer esto último. Habría que desaconsejarle volver a emplear en adelante un artilugio como ese, pues no lo previene contra la posibilidad de nuevas frustraciones. Pero habría que justificarlo en su necesidad de huir del abatimiento, la vergüenza o la furia asociados a su fracaso. Son emociones legítimas pero a las que no conviene abandonarse, porque nublan la mente y no ayudan a tomar buenas decisiones. Más le valdría respirar profundo, recuperar la calma, volver a evaluar la situación y replantear sus expectativas. Tiene derecho a querer las uvas, pero debe abrir los ojos a los muy diversos caminos que podrían conducirlo a ellas. Y si acaso ninguno estuviera realmente a su alcance, deberá aprender a aceptar que no sólo de uvas vive el zorro y que la felicidad también viene en recipientes que no incluyen en su composición ningún derivado de la vid. Claro, hay una pequeña diferencia de sabor, pero se puede vivir sin eso.
Por: Luis Guerrero Ortiz
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domingo, 30 de mayo de 2010

Búscate un Amante


Muchas personas tienen un amante y muchas otras quisieran tenerlo.

Y también están las que no lo tienen, porque no quieren y las que lo tenían y lo perdieron, o decidieron perderlo.
Misteriosamente son generalmente estos dos últimos grupos los que más van a los consultorios para decir que están tristes o que tienen distintos síntomas: insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores.

Cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en que ocupar su tiempo libre.

En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas. Antes de contar esto ya han visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro: Depresión y la infaltable receta del antidepresivo de turno.
Yo después de escucharlas atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan... ES UN AMANTE.

Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto.

Están los que piensan: ¡Como es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica! Hacen un decoroso silencio, miran el reloj esperando el final de la consulta y se retiran para siempre.

También están los que escandalizados se despiden en ese mismo momento y muchas veces tampoco vuelven nunca más.

A los que deciden quedarse les doy la siguiente definición:

Un Amante es: Cualquier cosa que nos apasione.
Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y también aquello que a veces, no nos deja dormir.

Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido.

Un amante puede ser nuestra pareja, si nos animamos a encontrarlo allí. En otros casos es otro alguien que no es nuestra pareja.

También podemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un distractor que nos monopoliza cada instante “suelto”.

En fin, es “alguien” o “algo” que nos perturba la conciencia al punto de dibujarnos una sonrisa al solo pensarlo apartándonos aunque sea un momento del triste destino de sobrevivir.

Sobrevivir es durar y en el fondo está gobernado por el miedo a vivir de verdad. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol, de la lluvia y de las emociones fuertes.

Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana
Por favor no te empeñes en sobrevivir, búscate un amante.

Sé tú mismo el amante de alguien o de algo. Se un protagonista… de tu vida.

La muerte llegará, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie. Mientras tanto y sin dudar, búscate un amante.
Lo trágico no es morir, Lo trágico, es no animarse a vivir.
La psicología después de estudiar mucho descubrió algo trascendental. Para vivir feliz, activo, o satisfecho hay que tener un motivo.

A ese motivo lo llamo hoy Un Amante...

Hay que ponerse de novio con la vida y hay que amarla con la pasión de los que auténticamente están enamorados.

Búscate pues HOY.... Un Amante.

Autor: Anónimo

miércoles, 14 de abril de 2010

José Agustín Goytisolo


AUTOBIOGRAFÍA


.....................“Fui un mísero afligido desde mi mocedad,
.....................“siempre lleno de espanto, lleno de tristeza…”
.............................................................(Salm., 88, 16)

Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste,
y mi padre decía,

mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío,
no sirves para nada.

Después me fui al colegio
con pan y con adioses,
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro

graznó: pequeño niño,
no sirves para nada.

Vino, luego, la guerra,
la muerte –yo la vi-
y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron,
yo, triste, seguí oyendo:
no sirves para nada.


Y cuando me pusieron
los pantalones largos,
la tristeza en seguida
cambió de pantalones.

Mis amigos dijeron:
no sirves para nada.

En la calle, en las aulas,

odiando y aprendiendo
la injusticia y sus leyes,
me perseguía siempre
la triste cantinela:
no sirves para nada.

De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día,
la muchacha que amo
me dijo, y era alegre:

no sirves para nada.

Ahora con ella,
voy limpio y bien peinado.
Tenemos una niña
a la que, a veces, digo,
también con alegría:
no sirves para nada.

EL CUENTO

Érase, una vez,
un lobito bueno,
al que maltrataban
todos los corderos,

y había, también,
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un ladrón honrado.

Todas estas cosas
había, una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.

lunes, 5 de abril de 2010

Estafa


Pasos complicados del día
Hoy en nadie se confía
Dices que hay garantía
Mira sonríes, con ironía…


Mi opinión nada cuenta
Pareciera que estas en venta
Eligiendo sólo y donde ganar
Pensando más adelante gozar…


Mediste bien la jugada
La verdad es cambiada
Quieres llegar a un acuerdo
Por algo que no recuerdo…



Ahora me vendes como un cerdo
No respetaste la amistad
Estas muy llena de bondad
Yo soy el único que pierdo…

jueves, 18 de marzo de 2010

En Busca del Alma

Los niños son el símbolo del eterno matrimonio entre el amor y el deseo, decía Oscar Wilde. De eso no me cabe duda.

Uno de los objetos de mis deseos más intensos durante mi niñez fue la vieja máquina de escribir de mi padre. La primera vez que llamó mi atención yo era aún demasiado pequeño para intentar hacerlo algo útil con ella. Pero la curiosidad al final se abrió paso y empecé a hacerla funcionar del único modo que conocía, es decir, como un instrumento capaz de producir una hoja llena de palabras salidas de la propia cabeza. Porque jamás vi a mi papá copiar nada ni a nadie. Sólo se sentaba a pensar en silencio y a oprimir las teclas con cuidadoso esmero hasta llenar el papel con poemas o cartas dictadas por el corazón. Mientras más lo pienso, más me convenzo de que fue allí y no en la escuela cuando escribir se volvió para mí una actividad asociada al amor.

Uno de mis hijos, en cambio, detestó el lapicero desde sus primeras y muy poco gratas experiencias escolares. Fue recién en su adolescencia que pudo descubrir el teclado de una computadora como una puerta de escape que podía liberarlo por completo de él y de cualquier horrorosa obligación caligráfica derivada de su uso. Entonces empezó a escribir poemas y cuentos asombrosos y a vincular la producción de un texto sencillo con el sabor del elogio y con la genuina admiración de sus ocasionales lectores.

Ahora todos crecieron y han ido dejando atrás una manera de estar en el mundo, plagada de gritos desaforados, llantos repentinos, risas irreverentes y obstinaciones indoblegables, pero conservan intacta su divertida y tierna curiosidad por cualquier objeto, suceso, frase o personaje ligeramente fuera de lo común. Una cualidad que haría las delicias de Gianni Rodari, el notable escritor y maestro italiano que hizo del absurdo toda una pedagogía de la creatividad y que explica de un modo u otro la devota consagración al arte –la literatura, la escultura, el teatro, la música- de todos ellos.

Hoy los veo afrontando sus propios sueños e incertidumbres, tomando decisiones y haciéndose cargo de sí mismos, pero qué difícil dejar de asociar su juventud madura con el recuerdo de esa cadena interminable de episodios reveladores de un tiempo de espontaneidades, asombros e ingenuidades sin fin, tan útiles para ayudar completar en cada circunstancia el dibujo exacto de la imagen que ahora expresan. Hay situaciones que su memoria no registra ya, por lo que este fascinante ejercicio sigue siendo mi privilegio.

Cuando un niño destroza su juguete es porque está buscándole el alma, decía Víctor Hugo. Reconozco que escarbar la propia infancia y la de nuestros hijos en búsqueda de tesoros representa una aventura a veces difícil pues, como decía Benedetti, la niñez no es siempre ni sólo un paraíso. Pero creo sinceramente que es también una manera útil y a veces muy necesaria de buscar y completar las piezas de la propia alma.
Justificar a ambos ladosPor: Luis Guerrero Ortiz
Alter Ego

Adivinanza

Ahora llena tus manos y tus brazos, después se desvanece. Y no sabes cuándo ni hasta cuándo. Te embelesa y se desliza sigilosa por tus venas, se viste de sonrisa, se lacia el pelo, se transforma en email y hasta toma un nombre. Podría quizás volverse chocolate o comida orgánica, mejor aún un vaso de milkshake o un inesperado folletín de espectáculos que no te atreverás a usar.

Otro día se vuelve hemoglobina, te devuelve el color, las ganas de subirte al tren o de compartir una causa limeña con muchas decisiones alrededor. Se mete en el skype, se convierte en esquina, se delinea como símbolo de una mirada atenta o te llega como mensaje de texto. También es voz y por supuesto cortesías tiernas, risas inolvidables, manos, abrazos, una canción de Cabas, Gary Jules o Damien Rice. Después se va.

Aparece embalsamada por televisión encapsulando la voz con que aprendiste a escribir tu nombre o la mano de la que salieron los poemas con que fabricaste tu ternura o tu esperanza. Te sienta en pasadizos oscuros aguardando una muestra de sangre que podría traerte el ticket de un largo viaje. Te mete entre tus sábanas dejándote a solas con la melancolía. Se vuelve un frasco de pastillas o se convierte en lástima. Después se va.

Su ausencia puede ocurrir de a pocos y envolverte en la nostalgia hasta hacerte sangrar, tomar el rostro de lo imposible, confinarte detrás de los espejos, apagar tu confianza, endurecer tus dedos o encerrar en tu boca la palabra amor. Luego se va, sólo se va. Se va de tu costado o de tu lóbulo frontal, dejando tus recuerdos suspendidos en el aire. Luego se lleva el aire. Luego te transforma en recuerdo. Es un destino.

Pero aún estás aquí. Puedo adivinarlo.
Sólo que a ratos cabeceas.
Por: Luis Guerrero Ortiz
Alter Ego

domingo, 31 de enero de 2010

Yo No Entiendo a la Gente Grande

... porque tapan la luz del sol, quitan las flores a las plantas para dejarlas marchitar en un jardín y enjaulan a los pajaritos.

... porque se creen importantes por el solo hecho de ser grandes.

... porque no me dejan caminar descalzo ni chapotear en la lluvia.

... porque me compran juguetes y después no quieren que los use para que no los rompa.

... porque les han puesto un nombre difícil a todas las cosas sencillas.

... porque se pegan entre ellos o se pasan la vida discutiendo.

... porque me pegan y después me dicen que no le pegue a los demás.

... porque quieren tomar empleos importantes y viven sentados.

... porque me hacen decir versitos que no entiendo.

... porque están siempre apurados y nunca tienen tiempo de contestar una pregunta o de contar un cuento.

... porque no les gusta sentarse en el muro de la vereda.

... porque no sienten el placer de mirar alrededor.

... porque cuando me porto mal me amenazan con ponerme una inyección y cuando me enfermo me dicen que una inyección me va a hacer bien.

... porque siempre se hacen los lindos o los serios porque dicen mentiras y ellos mismos se las creen.

... porque cada vez que me mienten me doy cuenta y sufro mucho.

... porque además de mentirme, me dicen que no diga mentiras.

... porque me dicen miedoso y ellos me hablan de cocos y fantasmas.

... porque me piden que sea buenito y me regalan para jugar revólveres, dardos flechas y escopetas de aire comprimido.

... porque han llenado la casa de cristales, porcelana y cosas que se rompen y ahora resulta que no puedo tocar todo lo que veo.

... porque perdieron las ganas de correr y saltar.

... porque olvidaron las cosas que tanto les gusta a los chicos.

... porque antes de reírse siempre le piden permiso al reloj.

... porque cuando hago algo malo me dicen: "no te quiero más" y yo tengo mucho miedo de que me dejen de querer de verdad.

Extraído del libro "Mensajes selectos que perduran".

jueves, 28 de enero de 2010

El Chofer de Einstein

Se cuenta que en los años 20 cuando Albert Einstein empezaba a ser conocido por su teoría de la relatividad, era con frecuencia solicitado por las universidades para dar conferencias. Dado que no le gustaba conducir y sin embargo el coche le resultaba muy cómodo para sus desplazamientos, contrató los servicios de un chofer.

Después de varios días de viaje, Einstein le comentó al chofer lo aburrido que era repetir lo mismo una y otra vez.

"Si quiere", le dijo el chofer, "le puedo sustituir por una noche. He oído su conferencia tantas veces que la puedo recitar palabra por palabra."

Einstein le tomó la palabra y antes de llegar al siguiente lugar, intercambiaron sus ropas y Einstein se puso al volante. Llegaron a la sala donde se iba a celebran la conferencia y como ninguno de los académicos presentes conocía a Einstein, no se descubrió el engaño.

El chofer expuso la conferencia que había oído a repetir tantas veces a Einstein. Al final, un profesor en la audiencia le hizo una pregunta. El chofer no tenía ni idea de cual podía ser la respuesta, sin embargo tuvo un golpe de inspiración y le contesto:
"La pregunta que me hace es tan sencilla que dejaré que mi chofer, que se encuentra al final de la sala, se la responda".

lunes, 25 de enero de 2010

Educación Sexual

Siempre existe algo nuevo por aprender y descubrir.


No todo está dicho…

Frasesitas Interesantes

  • El que es capaz de sonreír cuando todo le está saliendo mal, es porque ya tiene pensado a quien echarle la culpa.
  • Si buscas una mano dispuesta a ayudarte, la encontraras al final de tu brazo.
  • El dinero no trae la felicidad, pero en cuanto el primero se va, la segunda lo sigue.
  • No te tomes la vida en serio, al fin al cabo no saldrás vivo de ella.
  • Mejor que nos gobiernen las prostitutas porque estamos cansados que nos gobiernen sus hijos.
  • Yo no sufro de locura... la disfruto a cada minuto.
  • Tener la conciencia limpia, solo es síntoma de mala memoria.
  • De mucho trabajar no se murió nadie... Pero por las dudas, mejor no arriesgarse.
  • Experiencia, es el nombre que le damos a nuestras metidas de pata.
  • Cuando un medico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto.
  • Huye de las tentaciones, pero despacio, para que puedan alcanzarte.

martes, 19 de enero de 2010

Malentendido

Un matrimonio que llevaba muchos años juntos y no había logrado tener familia, suspiraba por un hijo.

A muchos doctores habían consultado, y recurrido a todos los tratamientos existentes, pero sin obtener un resultado positivo. Por fin, un médico encuentra la causa del problema: el marido era estéril y no podría procrear.

- Ahora que hacemos doctor? - preguntaron ambos.

- Bueno, algunas parejas recurren a la fecundación "in vitro" o artificial, pero es una técnica muy costosa, y se usa de preferencia cuando es la mujer quien tiene problemas para quedar embarazada. Esta técnica suele fallar a veces.

- Por el contrario, (continua el médico) otras parejas utilizan algo mucho mas sencillo y natural: Buscan un padre sustituto.

- Y que es un padre sustituto? Pregunta la señora.

- Es un hombre seleccionado con mucho cuidado y que hace por una única vez, las funciones del esposo, de modo tal que la mujer quede embarazada.

La señora vacila un poco, pero su marido le dice al doctor que el no tiene ningún inconveniente en adoptar aquello, con tal de ver realizada su ilusión de convertirse en padre.

Y en efecto, pocos días después y por intermedio del doctor, se contrata a un joven, y hace una cita, para que, al siguiente domingo por la mañana, cuando se ausente el marido de la casa, vaya y visite a la señora para cumplir su tarea.

Sucedió, sin embargo, que un fotógrafo de niños había sido llamado a una casa vecina para retratar a un bebe, el cual por azar del destino se equivoco de domicilio llegando al de la señora:

- Buenos días señora, vengo por lo del niño - se presenta el fotógrafo.

- mmm si..., pase usted. - gusta tomar algo?- dice tímidamente la señora.

- No muchas gracias, el alcohol no es bueno para mi trabajo. Lo que quisiera es comenzar cuanto antes - dice.

- Muy bien, le parece si vamos a la habitación?-, dice la señora.

- Puede ser allí, pero también me gustaría una aquí, en la sala; dos en la alfombra y otro en el jardín.

- Pues cuantos van a ser! ? Se alarmo la señora.

- Ordinariamente son cinco en cada sesión, pero si la mamá coopera pueden ser más, todo depende - dijo mientras sacaba del portafolios un álbum.

Y continuó: - me gustaría que viera antes algo de lo que he hecho."Tengo una técnica muy especial y única que le ha gustado mucho a mis clientas.

Por ejemplo, mire el retrato de este niño tan bonito. Lo hice en un parque público, a plena luz del día. !Como se junto la gente para verme trabajar!.

Esa vez me ayudaron dos amigos, porque la señora era muy exigente. Con nada le podía yo dar gusto y quedarle bien. Para colmo esa vez tuve que suspender el trabajo, porque llego una ardilla y comenzó a mordisquearme el equipo.

La señora estupefacta, escuchaba todo esto mientras el fotógrafo continuaba:

- Ahora vea estos mellizos. En esa ocasión si que me lucí; todo lo hice en menos de cinco minutos: llegue y paf!. dos tomas y mire los gemelos que me salieron

La señora estaba cada vez más asustada. y continua el fotógrafo:

- Con este niño batalle un poco más, porque la mamá era muy nerviosa, hasta que le dije: mire señora usted voltee hacia el otro lado y déjeme hacer todo a mí. Ella se volteo, y así pude yo hacer mi trabajo.

A esta altura la señora estaba a punto del desmayo. y el fotógrafo guardando su álbum le dice:

- Quiere que comencemos ya, señora?

- Cuando usted diga, - dice la señora.

- Esta bien, voy por mi trípode -dijo el fotógrafo.

- Trípode? - dijo temblando la señora.

- Si - comenta muy tranquilo el fotógrafo - es que, usted sabe, mi aparato es muy grande y necesito un trípode para apoyarlo y estabilizarlo, porque ni con las dos manos puedo sostenerlo bien...

Señora?, Señora?.... Señoraaaaaaaaaaaa! No se vayaaaaa....

Estadísticas

Como mentir con la estadística :

  • En cierta ocasión le preguntaron a un vendedor que como podía vender tan baratos sus sandwiches de conejo, a lo que respondió : -"Bueno, tengo que admitir que hay un poco de carne de caballo. Pero la mezcla es solo 50:50 ; uso el mismo numero de conejos que de caballos".
  • La tasa de natalidad es el doble que la tasa de mortalidad; por lo tanto, una de cada dos personas es inmortal.
  • En Nueva York un hombre es atropellado cada diez minutos. El pobre tiene que estar hecho polvo.
  • La probabilidad de tener un accidente de tráfico aumenta con el tiempo que pasas en la calle. Por tanto, cuanto mas rápido circules, menor es la probabilidad de que tengas un accidente.
  • El 33 % de los accidentes mortales involucran a alguien que ha bebido. Por tanto, el 67 % restante ha sido causado por alguien que no había bebido. A la vista de esto y de lo anterior, esta claro que la forma mas segura de conducir es ir borracho y a gran velocidad.

Yo Quiero Ser un Blog Star

Es un mate de risa el siguiente video.

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia ;)

sábado, 2 de enero de 2010

Los Valores están en Venta

Mirando las campañas publicitarias de estos últimos tiempos se puede concluir con facilidad que:

la ecología comienza a ser patrimonio de las empresas automotrices,

la sostenibilidad de las energéticas,

la salud de la comida rápida,

la revolución social de la banca,

También,

que la felicidad se encuentra en las bebidas carbonatadas,

el bienestar interior en las clínicas de estética y

la justicia comercial en las grandes superficies.

O bien,

que la solidaridad atañe a las compañías farmacéuticas,

la filantropía a Microsoft

y el humanitarismo a la OTAN.

ConsumeHastaMorir

miércoles, 23 de diciembre de 2009

15 Leyes de Murphy que te han pasado alguna vez



1. “Cuando necesites abrir una puerta con la única mano libre, la llave estará en el bolsillo opuesto”.

2. “Cuando tengas las manos embadurnadas de grasa, comenzará a picarte la nariz”.

3. “Da igual por donde abras la caja de un medicamento. Siempre te molestará el prospecto”.

4. “El seguro lo cubre todo. Menos lo que sucede”.

5. “Cuando las cosas parecen ir mejor, es que has pasado algo por alto”.

6. “Si mantienes la calma cuando todos pierden la cabeza, sin duda es que no has captado el problema”.

7. “Las únicas veces en que la puerta se cierra sola son cuando te has dejado las llaves adentro”.

8. “Llegarás al teléfono justo a tiempo para oír como cuelgan”.

9. “Si sólo hay dos programas que valgan la pena ver, serán a la misma hora”.

10. “El precio total a pagar siempre es superior al del presupuesto”.

11. “La probabilidad de que te manches comiendo, es directamente proporcional a la necesidad que tengas de estar limpio”.

12. “La velocidad del viento aumenta proporcionalmente al precio del peinado”.

13. “Cuando tras años de haber guardado una cosa sin usarla decides tirarla, no pasará más de una semana que la necesites de verdad”.

14. “Siempre que llegues puntual a una cita no habrá nadie allí para comprobarlo, y si por el contrario llegas tarde, todo el mundo habrá llegado antes que tú”.

15. “Los problemas ni se crean, ni se resuelven, sólo se transforman”.

Pichicola

Wizard Animation

Vista Áerea de Jaén - Perú


 
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