Es decir, en cierto modo, no besamos porque sentimos ternura, deseo o interés hacia una persona, sino más bien sentimos esas emociones precisamente después de besarla.
(Es curioso que la Ciencia, en numerosas ocasiones se empeña en decirnos lo que ya sabemos que ocurre, pero estableciendo relaciones causales totalmente opuestas a las que nosotors asumíamos…)
Estos y otros descubrimientos de Wendy Hill y su equipo, van a formar parte del Corpus doctrinal de lo que ya se empieza a llamar “filamatología” o ciencia del beso. Es una disciplina que avanza a grandes pasos, y desde perspectivas multidisciplinares, no vayamos a creer. Los historiadores también contribuyen. Por ejemplo, Craig Koslofsky ha determinado las raíces medievales de ese beso que se dan incluso hoy en día los fieles católicos en las Iglesias. El beso medieval es básicamente un apretón de manos que se da tan solo para sancionar un acuerdo comercial o militar. Según Koslofsky, “la privatización” y la “erotización” es una conquista moderna, o quizá una reconquista, pues tenemos testimonios abundantes del en la Antigüedad.
Interesante asunto este de la Teoría del Beso. Porque es evidente que, contrariamente a lo que dice la canción de Louis Armstrong, un beso es mucho más que un beso…
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